SRNMC no es una marca — es un punto de colisión: música, arte, ciencia, cine y todo lo demás que se niega a quedarse en silencio.
El trabajo empieza donde termina el pulido: en el borrador a medio hacer, en el compás roto, en el loop que casi se deshizo. Desde ahí crece: algo se convierte en álbum, algo en banda sonora, algo se esconde en pódcasts o acaba encontrando su camino en apps. Distintas formas, el mismo impulso: convertir el ruido en algo que perdure.
He estudiado en conservatorios, lo he derribado en clubes, he cartografiado galaxias en laboratorios. Disciplina clásica frente a ruido de calle. Física y tinta. Luz noir y peso cósmico. La música vive en esa tensión: el vaivén entre el orden y el caos.
Esto no es nostalgia. No es una persecución del futuro. Es el ahora: crudo, inquieto, reducido al hueso. Cada pista, cada página, cada proyecto es otra forma de hacer la misma pregunta: qué ocurre cuando el sonido dice la verdad? No es una biografía.
No es una historia de vida. Es un manifiesto.
Persigue la gravedad, corta el silencio, escribe en sombras, compón la oscuridad. Deja ecos tras de ti.
