Cámara de Ecos
La Tercera Ley: La Armonía del Contrapeso
Si la Segunda Ley es el impacto, la Tercera Ley es la consecuencia: la prueba de que cada golpe deja un eco y cada movimiento, un contrapunto. El principio de Newton - que toda acción tiene una reacción igual y opuesta - se despliega aquí no como una fórmula, sino como coreografía sonora.
El piano inicia el diálogo, una frase lanzada como piedra sobre agua quieta. Los violines responden, no en imitación, sino en resistencia: una melodía reflejo, moldeada por la oposición. La suite entra así en su ciclo de llamada y respuesta.
La fricción chispea en los trémolos, la tensión vibra en la contención. Los tresillos entrelazan a los bailarines para luego separarlos: un vals fugaz entre la unión y la división. Las cuerdas se elevan como en vuelo, solo para ser arrastradas de nuevo por la gravedad constante del bajo. El silencio interrumpe, luego el movimiento reclama el escenario: empuje y retroceso se turnan el control en una lucha sonora de fuerzas.
Es una pieza construida sobre la simetría, pero nunca quieta. Las fuerzas se encuentran, resisten y ceden, trazando arcos tanto visuales como sonoros. En su centro habita el equilibrio, pero no el de la calma: el de la interacción perpetua, de acción y reacción entrelazadas en un abrazo eterno.
La Tercera Ley se cierra como empezó: piano y violín en diálogo, la melodía girando sobre sí misma. No es una conclusión, sino una continuación: un recordatorio de que cada nota, como cada fuerza, deja tras de sí su opuesto, esperando responder.
La Tercera Ley no es solo música. Es la prueba de que el movimiento nunca está solo. No hay silencio, solo respuesta.
Presiona play y entra en Newton’s Laws Dance Suite, donde cada nota regresa con su fuerza igual y opuesta.